VÍNCULO & PERFIL PSICOSOMÁTICO

Diversas investigaciones ponen de manifiesto la importancia de los procesos de vinculación en la estabilidad emocional de los seres humanos. Autores como Bowlby manifiestan que para conseguir un desarrollo adecuado de la salud mental, es necesario que desde el nacimiento se establezca entre la madre y el bebé una relación cálida, íntima y continua donde ambos encuentren satisfacción. Para que el mencionado proceso de vinculación se pueda llevar a cabo, tanto madre como hijo ponen en marcha las denominadas “conductas de apego”.

La ruptura precoz o la imposibilidad de establecer las iniciales conductas de apego de manera suficiente, como ocurre por ejemplo durante una hospitalización precoz o en situaciones de abandono, produce una serie de alteraciones o disfunciones a lo largo del proceso del desarrollo emocional, algunas de ellas de forma directa en el bebé y otras de forma indirecta, bien sean en las figuras parentales y/o en el bebé como consecuencia de las alteraciones parentales.

Desde una perspectiva preventiva, es muy importante conocer de qué manera afecta la ruptura del proceso de vinculación al desarrollo emocional del bebé, de cara a poder reconducir de forma positiva esta situación.

apego

La ruptura precoz o la imposibilidad de establecer la conductas iniciales de apego produce una serie de alteraciones tanto en el bebé como en los padres que repercuten en el establecimiento normalizado de los “procesos vinculares”, lo cual no quiere decir que en la mayoría de los casos se puede llevar a cabo una recondución positiva de la situación.

Por lo que se refiere al bebé, se producen una serie de cambios de tipo cualitativo en los estímulos que percibe durante un ingreso hospitalario precoz (incubadora, termómetro rectal, pinchazos en talones, inmovilidad, sujeción, sonidos determinados, la succión no siempre sigue de la deglución del alimento). Asimismo, las figuras de apego no están nítidamente definidas para él (cambios en los turnos de enfermería, tiempo limitado para que la madre pueda estar con el bebé, neonatólogos), por lo que al alta, el bebé tendrá que reconstruir el conjunto de estímulos que percibió durante el ingreso en clave diferente y los padres tendrán que superar su temor y ansiedad para retomar el ejercicio de su parentalidad de forma positiva.

Por último, se encuentra alterada y en cierta “espera” la formación definitiva del temperamento, que tiene una base constitucional, pero que necesita de las primeras interacciones  con el entorno, sobretodo con la figura materna.

Por otro lado, en lo que se refiere a las “figuras parentales” (padres o actuales tutores), el ingreso del bebé supone una paralización de las respuestas de apego, que tienen que quedar aplazadas y, posteriormente, tienen que ser reconstruidas. Cuando la vivencia emocional de las figuras parentales se encuentra afectada, esta reconstrucción es extremadamente difícil y se acaba traduciendo en una dificultad para poner límites en el comportamiento de los niños o en una ambivalencia respecto a dichos límites, en temor o inseguridad a coger al bebé en brazos o acariciarlo, en respuestas hiperansiosas ante cualquier signo de intranquilidad del bebé, en sobreprotección como intento en el proceso de reparación, en mensajes contradictorios y en una baja autoestima en su consideración como padres.

Los procesos de vinculación en la infancia resultan esenciales para un adecuado desarrollo emocional.

Aunque se produzca una ruptura precoz que impida el inicio de este proceso vincular o lo interrumpa, en la mayoría de los casos se da una reconducción positiva del mismo.

Sin embargo, cuando no hay una reconducción positiva del proceso de vinculación, nos encontramos con “los perfiles evolutivos de los trastornos vinculares”. Hay que tener en cuenta que, en general, se desarrollan a lo largo de la infancia y la adolescencia, pero en otras ocasiones evolucionan de forma larvada hasta la edad adulta.

Las formas clínicas más frecuentes que se presentan en “el perfil psicosomático” son:

  • trastornos esfinterianos,
  • algias diversas, sobretodo cefalea y dolor abdominal,
  • trastornos del sueño, que tienen mucho que ver con los procesos de autonomía y dependencia, y muchas veces se encuentran alterados en estos casos,
  • trastornos del comportamiento alimentario,
  • síntomas digestivos: vómitos y alteraciones en el ritmo de evacuación intestinal.

Respecto al “perfil conductual”, el proceso vincular posee una clara proyección en la función y forma de trasmitir los límites y la norma, la posibilidad de acceder a sustitutos de apego y el establecimiento de conductas de apego en distintos momentos de la vida con figuras diversas (parejas, hijos) y la aceptación de la frustración y cumplimiento de la norma.

El “perfil afectivo y del humor” presenta como formas más comunes los trastornos de ansiedad de separación (en los que se da una percepción subjetiva de la pérdida de la figura de apego), los trastornos de linea depresiva y las distimias.

En los trastornos de vinculación en la infancia podemos encontrar un concepto de fundamental importancia para la comprensión de los trastornos psicosomáticos: la “alexitimia”, que definimos como una incapacidad para identificar y distinguir entre sentimientos y sensaciones corporales, una gran dificultad para expresar verbalmente las emociones, tanto las propias como las ajenas, una forma de pensar utilitaria, concreta, repetitiva en los detalles y orientada hacia el exterior , una vida onírica empobrecida o nula y una gran escasez de ensueños y fantasías diurnas, una tendencia  a resolver los conflictos mediante la acción, una empatía alterada en cuanto a las relaciones interpersonales, ya que son incapaces de reconocer y usar sus propios sentimientos como señales internas y un elevado conformismo social.

Cuando un niño o adolescente no ha tenido la oportunidad de aprender a identificar y distinguir entre sentimientos y sensaciones corporales, le lleva a expresar dichos sentimientos a través del cuerpo, a través de síntomas digestivos, alteraciones en el comportamiento alimentario, dolores, trastornos esfinterianos…

En conclusión, es de gran importancia para la comprensión de los trastornos psicosomáticos tanto el desarrollo de los procesos de vinculación en la infancia como el concepto de alexitimia como alteración emocional.

Os adjunto algunos recursos que pueden ser de interés:

Normas y límites Marid

NormasyLimites

 

Salud Mental 2011;34:481-490

La alexitimia y su trascendencia clínica y social

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