Muchos de los problemas psicológicos y de salud están asociados a pensamientos, hábitos o comportamientos modificables, como pensamientos dañinos, una dieta poco saludable o la falta de actividad física. Los profesionales de la salud desempeñan un papel fundamental a la hora de motivar a sus pacientes, pero para ser eficaces es necesario que sea el propio paciente quien se motive.
El cambio de conducta es un proceso gradual que se lleva a cabo en distintas fases que el paciente debe superar. No todas las personas están “preparadas” para cambiar, y las intervenciones conductuales deben adaptarse para ayudar al paciente a concienciarse sobre el problema dándole información relevante.
Para lograr un cambio, la persona debe ser consciente que su conducta actual le está creando problemas, que ese problema es potencialmente grave y que los beneficios derivados de tomar medidas superan los posibles costes. Los factores como las normas e ideales sociales y las actitudes de amigos y familiares también pueden influir en la disposición de una persona a cambiar de conducta.
El miedo al fracaso puede ser un obstáculo para el cambio y los profesionales de la salud desempeñan un papel importante de ayuda a los pacientes, dándoles confianza, una retroalimentación constructiva, y proporcionándoles las habilidades y los recursos necesarios para el éxito.
Os aporto un esquema interesante que ilustra las fases de motivación para el cambio.

